confabulatori nocturni

Este es un espacio para la resistencia, para derrotar el olvido y celebrar siempre la vida. También para ser confabuladores nocturnos, dueños de nuestros sueños y nuestras esperanzas, este es un lugar que se pulsa desde el gesto sincero y hospitalario propio de la amistad que reinveta mágica y misteriosamente al otro y a los otros.

Saturday, May 20, 2006

Amistad II

Un decálogo de la amistad con epígrafe*

La amistad es el arte de ser lector y escritor de la vida propia y narrador de la de sus amigos, en este artificio la amistad descubre su propia obra y la enriquece, y en ese momento ellos, los amigos, descubren y sienten que sus vidas han sido justificadas.

1. El destino de un amigo es cursar con uno el común de las virtudes humanas, las agonías, las luces.
2. Un amigo ha de ser aquel que siente y comparte intensamente cada instante de su vida.
3. La amistad nos pone de cara no sólo a ser amigo, sino ser un atento espectador y actor de nuestra propia vida.
4. La amistad opera con palabras, y las palabras, según se sabe, son materia deleznable, por tanto también exige gestos y obras importantes.
5. El amigo tiene que sentir, luego soñar, luego ejercitar el encanto sutil del obrar.
6. Conviene que el amigo no intervenga demasiado en su obra -la amistad- y en la vida del otro amigo.
7. El amigo debe ser pasivo, debe ser hospitalario con lo que le llega, pero también activo y potente con lo que dá.
8. El amigo debe trabajar en la materia de lo cotidiano, debe escribir lo cotidiano y por supuesto reeditar el milagro.
9. Llega un momento en el cual el amigo descubre que no está solo, pero no debe olvidar que siempre hay una propensión a la soledad.
10. No basta con que el amigo descubra que está en el centro de un basto círculo de amigos, conocidos y desconocidos, lo que importa es saber cuando los primeros se tornan desconocidos y estos se vuelvan conocidos

Despues de todo, creo que la amistad puede ser la totalidad de estas cosas, o su parcialidad y porque no, hasta su ausencia.**


*Este decálogo de la amistad surge a propósito de la primera entrada a este blog, es decir a la titulada “Amistad I”

**Esta nota final va dedicada especialmente a Carlos Arturo Gamboa, que supo dudar de mi decálogo, y que ahora sin su intervención, no la habría publicado pese que fue lo primero que pense y escribí y por último el decálogo.

Thursday, May 18, 2006

Amistad I

Estoy seguro que muchos (el número es infinito), estarán de acuerdo que presentar la amistad como una relación vinculante y estrechamente humanizadora, resulta por lo menos un exabrupto y las más de las veces un acto de ingenuidad parecido al amor o a la poesía.

Para esos muchos escribo, pero sobretodo escribo para mí, para darme aliento y esperanza, para seguir caminando y sobrevolando en ese “…océano de escorpiones rojos” según señalaría un hombre extraordinario y visible del siglo pasado, cuyo nombre y razón de la frase he olvidado.

Ahora tengo un muy buen pretexto, la amable devoción de los amigos por los libros, pero por sobre todo de la amistad. Hace muy poco estuve en la ciudad capital, es decir, casi no he aterrizado y aún no me he des-aterrorizado del vuelo (hablo del vuelo Bogotá-Ibagué). No obstante dentro de las muchas y divergentes sensaciones y sentimientos que estuve mascullando en el pavoroso vuelo, deseo presentar sencillamente dos felicidades: la siempre y genuina amistad de mi hermano Francisco, feliz en la compañía de acompañarme a adquirir algunos libros, feliz en la felicidad de la compañía de muchos libros, a él agradezco siempre la persistente y sorprendente frescura del diálogo, y la devoción, siempre presente por creer en el otro y en los otros. La segunda felicidad, el acompañamiento por “jóvenes” y “niños” profesores del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad donde trabajo, a ellos también les debo, de alguna manera, mi feliz estancia en Bogotá y en la librería Lerner (sobre todo esta segunda); a ellos un cálido homenaje por su felicidad con los libros y el desparpajo e irresponsabilidad de saberlos compartir y extrañamente revelar a los amigos.

Ahora va este sugerente escrito, que pese a toda prohibición editorial (de orden mercantilista) me atrevo a compartir con mis amigos, porque de ellos es la felicidad de su lectura y la felicidad honrada de quien lo escribió.

Post-escriptium.

Norma Yaneth, muchísimas gracias por el gesto de transcribir este texto, que hace parte de un libro, y que ahora se presenta en la liviana condición de bits. También pienso que con un acto tan sencillo y con una disposición tan clara, se revela con fuerza inusitada el arte de la amistad, arte que también es parecido al amor y por supuesto a la poesía, por eso persisto, me resisto y no me derroto.

El Premio Cervantes
Discurso

“Majestades, señoras y señores:

El destino del escritor es extraño, salvo que todos los destinos lo son; el destino del escritor es cursar el común de las virtudes humanas, las agonías, las luces, sentir intensamente cada instante de su vida, y como quería Wolser, ser no sólo actor, sino espectador de su vida; también tiene que recordar el pasado, tiene que leer a los clásicos, ya que lo que un hombre puede hacer no es nada, podemos simplemente modificar muy lentamente la tradición; el lenguaje es nuestra tradición. El escritor tiene una desventaja: el hecho de tener que operar con palabras, y las palabras, según se sabe, son una materia deleznable. Las palabras; como Horacio no ignoraba, cambian de connotación emocional. De sentido; pero el escritor tiene que resignarse a este manejo, el escritor tiene que sentir, luego soñar, luego dejar que le lleguen las fábulas; conviene que el escritor no intervenga demasiado en su obra. Debe ser pasivo, debe ser hospitalario con lo que le llega y debe trabajar esa materia de los sueños, debe escribir y publicar, como decía Alfonso Reyes, para no pasarse la vida corrigiendo los borradores, y así trabaja durante años y se siente solo, vivo en una suerte de sueñosismo; pero si los astros son favorables usa deliberadamente las metáfora astrológicas, aunque deteste la astrología, llega un momento en el cual descubre que no está solo. En ese momento que le ha llegado, que le llega a hora, descubre que está en el centro de un basto círculo de amigos, conocidos y desconocidos, de gente que ha leído su obra y que la ha enriquecido, y en ese momento él siente que su vida ha sido justificada. Yo ahora me siento más que justificado, me llega este premio, que lleva el nombre, el máximo nombre de Miguel de Cervantes, y recuerdo la primera vez que leí el Quijote, allá por los años 1908 o 1907, y creo que sentí, aún entonces, el hecho de que, a pesar del título engañoso, el héroe no es Don Quijote, el héroe es aquel Hidalgo Manchego o señor provinciano, diríamos ahora, que a fuerza de leer la materia de Bretaña, la materia de Francia, la materia de Roma la Grande, quiere ser un paladín, quiere ser un Amadís de Gaula, por ejemplo, o Palmerín o quien fuera, ese Hidalgo que se impone esa tarea que algunas veces consigue: ser Don Quijote, y que al final comprueba que no lo es; al final vuelve a ser Alonso Quijano, es decir, que hay realmente ese protagonista que suele olvidarse, este Alonso Quijano. Quiero decir también que me siento muy conmovido; tenía preparadas muchas frases que no puedo recordar ahora, pero hay algo que no quiero olvidar, y es esto: me conmueve mucho el hecho de recibir este honor de manos de un rey, ya que un rey, como un Poeta, recibe un destino, acepta un destino y cumple un destino y no lo busca, es decir, se trata de algo fatal, hermosamente fatal, no sé como decir mi gratitud, solamente puedo decir mi innumerable agradecimiento a todos ustedes…Muchas gracias”.
(Madrid, 23 de abril de 1980).*

* Jorge Luis Borges recibió el Premio Cervantes, 1979, compartido con Gerardo Diego.
Tomado de: Jorge Luis Borges, Cervantes y el Quijote. EMECE editores. 2005.

Friday, May 12, 2006